Francisco J. Soley Alfaro (1947-2012)
Francisco J. Soley Alfaro (1947-2012)
Académico de Número

  • Físico, analista del tiempo y clima y un buen deportista (1947-2012). 

 

 

Como hombre, atento y de fuerte carácter; como investigador, responsable y agudo; como colega, un amigo crítico y colaborador; como profesor, un excelente expositor y maestro; como académico, un científico honesto y brillante.

Javier nació el 1 de noviembre de 1947 en el barrio La California en San José. Tenía dos hermanos (Roberto y Gabriela), Javier era el menor. Muy joven, a los 15 años, perdió a sus padres y fue criado por sus abuelos. Disfrutaba de la lectura, el montañismo y otros deportes. Su familia tenía fincas en las que pasaba largas temporadas. Realizó sus estudios primarios en la Lincoln School y su secundaria en el Saint Francis College (1964). Gustaba subir Pico Blanco en las vacaciones e ir a los Cerros de la Carpintera cuando éstos eran solo montaña. Por ese tiempo, construyó un pequeño laboratorio de química debajo del tanque de agua en la casa de sus abuelos, interés que lo inclinó inicialmente a estudiar Química en el Tecnológico de Monterrey donde estuvo como un año. Se fue luego a los Estados Unidos. En Purdue University obtuvo, con distinción, un B. Sc. en Física (1969); luego se trasladó a la University of Wisconsin-Madison donde obtuvo el M. Sc. (1971), el Ph. D. en Física e hizo cursos de posgrado en Ingeniería Eléctrica en análisis de señales analógicas y discretas. Su tesis doctoral (1975) en el campo de Física Atómica y Molecular versó sobre “Pressure Effects of Neutral Excitations Produced in Electron-Bombarded Liquid Helium”, un campo en que la Escuela de Física (EF) de la Universidad de Costa Rica (UCR) no tenía experiencia. En Wisconsin trabajó como Teaching Assistant, pero anhelaba su tierra y quería regresar a Costa Rica. Su hermano Roberto intervino en el asunto y conversó con Neville Clark, entonces Director de la Escuela de Física de la Universidad de Costa Rica, quién sin dudarlo colaboró para que Javier regresara y se incorporara a la UCR.

Se casó con una prima lejana, Ana Lorena Alfaro (1976), tuvo dos hijos (Rodrigo y Patricia). Tuvo dos nietos (Andrés y María Alejandra) con los que jugaba cariñosamente y por los que adquirió un auto nuevo para trasladarlos, según me comentó una vez hace como dos años. Cuando lo conocí (1981), se había trasladado con su familia a Mata de Plátano, Guadalupe; su casa siempre servía de lugar de reunión para los físicos en celebraciones de fin de año y otros eventos. Le gustaba mucho sembrar hortalizas, llegó a tener huertas que cosechaban buenos productos, vergeles de los cuales siempre se sentía orgulloso y mostraba cuando íbamos a su casa. Era una persona que disfrutaba del ejercicio, corría y asistía al gimnasio con frecuencia. En sus últimos años subió varias veces el Cerro Chirripó, incluso por rutas reservadas para montañistas expertos. Todos los días completaba algún crucigrama y gustaba mucho de la serie The Big Bang Theory. Su sentido del humor era agudo y muy fino, algo que apreciamos muchas veces al compartir la hora del almuerzo en el Centro de Investigaciones Geofísicas (CIGEFI) de la Universidad de Costa Rica.

Javier era un gran programador de computadoras, en una ocasión, en una sencilla TI 994A calculó la transformada rápida de Fourier de unas señales atmosféricas para un trabajo conjunto publicado en 1982. Fue Director del CIGEFI entre 1993 y 1997, Subdirector de la Escuela de Física de la UCR y miembro del Departamento de Física Atmosférica, Oceánica y Planetaria de dicha escuela, e investigador del CIGEFI. Su principal interés científico fue la aplicación de métodos estadísticos y matemáticos a las series de tiempo geofísicas, lo que significó una decidida colaboración docente en cursos de grado y posgrado. Se jubiló en el 2003 pero continuó colaborando en proyectos de investigación en el CIGEFI.

Si hay algo de lo que podemos estar seguros, es que Javi, después de dejarnos el pasado 25 de diciembre, debe formar parte ya, como experto, del grupo que le ayuda al Ser Supremo a llevar la estadística celestial de las señales atmosféricas del tiempo y del clima.